La historia del buceo

Actualizado: sep 2

El buceo, recién en el siglo XX ha logrado ser accesible para cualquier persona que desee realizarlo; antes era una actividad difícil y poco accesible solo para algunos que se atrevían. Estas personas eran consideradas como aventureras, con gran coraje para vivir aventuras y tomar riesgos debido a sus capacidades acuáticas.

Se podría decir que el origen del buceo ha estado junto con el inicio de la humanidad, ya que el hombre por sobrevivencia y curiosidad se tuvo que sumergir descubriendo la apnea para buscar y recolectar sus alimentos entre otras cosas, considerándose siempre como un lugar misterioso y desconocido que muchos queremos conocer en mayor en profundidad. El registro más antiguo que existe es un relieve asirio del año 885 a.c, donde se ve un hombre bajo el agua respirando de un artefacto con forma de “bolsa” o “saco” y junto a él tres peces.

El buceo empezó a crecer en primera instancia por motivos militares. Alejandro Magno mandó a recuperar objetos de su palacio perdidos en el mar, que fueron hundidos por sus enemigos con el fin de ser un obtáculo para su paso por el pueblo de Tiro del que posteriormente se apodera en 332 a.c. En esos tiempos, el buceo era apnea utilizando piedras planas para poder descender a las profundidades.

En la edad media sigue el entusiasmo por el buceo, tanto así que el famoso personaje Leonardo da Vinci fue interesado por este tema y diseña aparatos para los pies, guantes palmeados y un casco de cuero para la cabeza con púas para defenderse de los peces.

Alrededor del siglo XVI se crea la primera campana, que era un recipiente con forma de campana -valga la redundancia-, en el que se formaba una cámara de aire de la que respiraba el buceador. En 1715, el británico Jhon Lethbridge diseñó un “barril de aire” con contorno de cuero, que a su interior se encontraba el buceador; tenía una ventana de vidrio y dos mangas impermeables que permitían al buzo trabajar bajo el agua. El equipo tuvo buenos resultados -de hecho- permitió que se realizaran trabajos hasta 18 metros por 34 minutos, pero la maniobrabilidad era poca y la renovación de aire fresco se hacía imposible.

Por otro lado, el buceo para recuperar objetos de naufragios, siempre fue un negocio lucrativo, y fue un gran incentivo para el invento de técnicas y equipos nuevos. En el año 1828 Jhon y Charles Deane, registran legalmente el “ traje de buzo Deane” que era un traje pesado para proteger del frío y un casco de plomo que se apoyaba en los obros del buceador. El traje se unía a través de una manguera a la superficie a una bomba de aire. En 1839, Augustus Siebe crea un traje impermeable de cuerpo entero que se vuelve el precursor directo de los trajes que usamos para bucear actualmente. Este traje se llamó “traje de buzo Siebe”.

Las ganas de cortar la manguera de unión entre el buceador y la bomba que se encontraba en superficie era cada vez más fuerte, por lo que se comienzan a desarrollar los materiales y productos necesarios para por fin desligarse de la manguera y crear el sistema de equipo autónomo. En 1886 Benioit Rouquayrol registra legalmente el primer regulador más parecido a lo que es un regulador de equipo autónomo. A mediados de la Segunda Guerra, Jacques Couteau y Émile Gagnan inventan el primer sistema autónomo de circuito abierto seguro y efectivo. Además crearon una escafandra autónoma, con la que Jacques desciende hasta 60 metros.

Gracias a ese invento y a lo fácil que se vuelve bucear con este sistema, nace el buceo con fines recreativos, que se ha convertido en una de las actividades más populares del mundo hasta hoy en día.

Si tenemos toda esta historia de búsqueda y creación de equipamientos para poder conocer el mundo subacuático, debemos aprovechar que hoy está a un alcance gigante; pero, debemos hacerlo de manera controlada y respetuosa con el medio. Como ya sabrán nuestra especie, tiene un gran historial de daños medioambientales que hasta hoy en día tratamos de revertir, por lo que es crucial practicar buceo con todo el respeto y cuidado que merece. Si aún no eres buzo, te recomiendo conozcas este hermoso mundo, pero también aprende a cuidarlo y ayúdanos a replicar esa enseñanza. Si ya eres buz@ espero hayas disfrutado esta historia y seas consiente del valor que tiene el mundo subacuático.

Natalia Penna Zaccarelli.

Buceo Pichidangui

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